En los primeros cursos de escritura que hice (los cuales empecé con mucha emoción) una de las frases que más escuché fue: "El 90% de escribir es disciplina, el 10% es inspiración."
Al inicio esta idea era algo que me generaba mucha incomodidad. Yo creía que escribir era un acto lleno de magia, de inspiración pura, donde tu alma escribía con un impulso incontrolable. Pero con el tiempo entendí que eso no era así, que sí de verdad quería escribir un libro completo no podia depender de tener esos momentos de epifanía. Tenía que crear un espacio, un momento para desarrollar el hábito de la escritura.
Así que después de muchos momentos en dónde la inspiración nunca llegó, decidí empezar a construir mi propia rutina. Debo aclarar que no fue algo que surgió de un día para otro y tampoco fue con una fórmula mágica. Este proceso está lleno de pruebas, errores y sobre todo de mucha escucha interna. Sin embargo, toda rutina tiene tres ingredientes simples, pero poderosos:
Encontrar un lugar donde escribir no se trata solo de tener un escritorio de ensueño con una vela encendida. Se trata de encontrar ese espacio donde no tengas distracciones y tu cabeza solo se pueda conectar con tus ideas, con tus palabras.
Puede ser un café con música de fondo, una mesa frente a una ventana o simplemente tu cama en pijama. Mi mejor consejo es: Prueba
Yo inicié probando diferentes lugares, sin expectativa alguna. Ciertamente lo que más me funcionó a mi, es estar encerrada en mi oficina, con mi vela prendida y mi música instrumental.
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Este ejercicio me enseñó que la creatividad necesita movimiento, exploración y siempre respirar nuevos aires.
¿Cuánto tiempo puedes escribir antes de que tu mente se empiece a fatigar? Recuerda que lo importante en todo este proceso es la calidad más que la cantidad de tus palabras.
En lo personal empecé a escribir una hora y media completa, sin levantarme de la silla y sin ningún tipo de distracción. Sin embargo, después de muchos intentos descubrí que eso no me estaba funcionando, porque el cansancio de mi mente se veía reflejado en mi escritura.
Así que opté por averiguar diferentes técnicas que me permitieran encontrar mi tiempo de escritura ?ideal? y en este proceso encontré la técnica Pomodoro.
Empecé escribiendo en bloques de 25 minutos, descansaba 10 minutos y repetía el ciclo 3 veces. ¡Y si! resultó que este era mi ritmo idóneo.
Así como el cuerpo tiene tiempos, la concentración también necesita los suyos.
¿Eres de los que escribe mejor en la mañana, tarde o noche? ¿necesitas un café para iniciar o tal vez dejar que el día transcurra? para contestar estas preguntas es muy importante que te observes y analices en qué momentos de tu día estás más activa y tienes más energía disponible.
En lo personal soy una persona que fluye más en las mañanas. Me levanto con mi batería al 100% y a medida que pasan las horas mi batería va disminuyendo. Por eso, siempre que puedo, escribo a primera hora de la mañana.
A días que no es posible, pero intento que el momento que en el que elijo escribir sea lo primero que me regalo, porque cuando lo hago, todo fluye distinto
Marce Pardo C